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15/12/2016 4:55:41

FAUVISMO ESPAÑOL por Alicia Sánchez-Matas Jiménez (1/4)

   FAUVISMO ESPAÑOL:   

   ESTILO Y COTIZACIÓN DE   

   FRANCISCO ITURRINO Y JUAN DE ECHEVARRÍA   



RESUMEN

     El Fauvismo, una de las corrientes artísticas de las Vanguardias Históricas nacidas en los primeros años del siglo XX, posee ciertas particularidades que dificultan su estudio y sistematización. Sin embargo, sus planteamientos teóricos y estéticos se encuentran en el origen de los principales ismos gestados durante esos primeros años, claves en la Historia del Arte. El epicentro de esa nueva modernidad se encontraba en París, donde acuden muchos españoles para formarse, siendo el análisis de ellos doblemente enriquecedor al permitir apreciar ideales estéticos internacionales asimilados desde una óptica propia con los particularismos inherentes a toda nación.

     Con todo ello, es necesario atender a la asimilación en el contexto español de un movimiento tan moderno y “fiero” en su momento como fue el Fauvismo a través de dos figuras poco conocidas pero poseedoras de un gran refinamiento cultural y creadoras de obras de una elevada calidad estética: Francisco Iturrino y Juan de Echevarría. Ambos, amigos y paisanos, descubrieron y transformaron su estilo artístico tras estancias en París y en el luminoso sur español. Además, las relaciones con afamados personajes de la cultura finisecular de nuestro país aportan un horizonte de influencias sintetizadas por cada uno de ellos de un modo original y moderno.

     Aunque no fueron tan aplaudidos en vida como otros artistas coetáneos y tras su desaparición tampoco fueron estudiados en el grado que merecen, las obras de ambos están presentes en importantes colecciones nacionales y en el mercado del arte, revelando su valoración un ámbito de venta nacional o internacional con precios medios y bajos.

   1- El Fauvismo   

     Sumergiéndonos en el apasionante nacimiento de nuevas corrientes artísticas durante la primera década del siglo XX, hay que intentar huir de pretensiones esquematizadoras y simplistas, pues la Vanguardia se perfila en los dos últimos años de dicha década. Sus principales representantes desbordan los límites y características de sus movimientos, debiéndose analizar los ejes de la trama que se configura en esos primeros años, sus cruces y conexiones.

     Las Vanguardias Históricas son resultado de la polarización de los estilos surgidos tras el Impresionismo, ya augurada en la preeminencia de la línea de Jean-Auguste-Dominique Ingres frente al color de Eugène Delacroix: la senda “"fría” que incide en la ampliación de lo objetivo hacia lo metódico e incluso científico, y la vía “caliente” que hace hincapié en el carácter singular de las sensaciones ópticas a costa de la impresión objetiva haciándose a veces subjetivo[1]. El Fauvismo procede de esta segunda vía.

     Para entender el estilo es clave conocer la concepción artística cultivada por el padre del movimiento, Henri Matisse (1869-1954), para quien el arte debía ser un goce de los sentidos, un refugio donde olvidar las preocupaciones para conectar con la naturaleza, idea típica del mundo posindustrial que expresó con las siguientes palabras tan citadas a la hora de definir el Fauvismo:

“Sueño con un arte equilibrio, puro, tranquilizador, sin temas inquietantes ni turbadores, que sirva para cualquier trabajador, intelectual, hombre de negocios o artista, como lenitivo, como calmante cerebral, como una especie de buen sillón donde descansar la fatiga física”[2].

     El estudio del Fauvismo presenta ciertas complejidades que dificulta una definición completa del mismo. No gozó de la autosuficiencia que sí tuvieron casi todos los movimientos modernos. No realizaron declaraciones teóricas ni redactaron manifiestos como caracterizan a los movimientos de las Vanguardias Históricas, además de no trabajar acorde a un estilo homogéneo con límites difusos. Su existencia fue breve al basarse en las amistades y contactos profesionales de sus integrantes, por lo que tampoco es sencillo conformar una lista de los mismos. Con todo ello lograron un éxito evidente, a pesar de ser tratado a veces con laxitud y vaguedad llegando a ser considerado en ocasiones como mero aliento del Expresionismo posterior[3]. Aunque ciertamente compartió con otros movimientos estilísticos algunas de las ambiciones generales, fue un movimiento artístico único que requiere una definición propia.

ESTILO Y TEMÁTICAS

     El reconocimiento de una obra fauvista excede de los colores intensos y la brutalidad de la pincelada en favor de la creació:n de una satisfacción de orden puramente visual en el que prima la autonomía del color, prácticamente nueva en el arte Occidental del momento, aplicada con técnicas mixtas, junto a una sensibilidad personal y juvenil que, en busca de lo vital y de lo nuevo, descubrió lo primitivo[4].

     Los fauves transformaron la mirada en algo más dinámico y deliberado, más consciente estilísticamente[5], pues los componentes pictóricos autónomos como las manchas, líneas y áreas de color pasaron a ser considerados y representados en un grado sin precedentes, motivando una nueva sensibilidad. Los artistas llevan a cabo un proceso en el que advierten la necesidad ineludible de destacar el lenguaje como mediador, revelando su consiguiente dificultad[6] y la aceptación de encontrarse ante una representación pictórica.

     Formalmente, el Fauvismo se distingue por ciertas carácterísticas. El logro más importante es el descubrimiento de la coherencia pictórica a través de la interaccián de colores planos que llevó a una nueva forma de construcción colorista[7] liberando al color de sus apariencias naturales como recurso para expresar más fielmente las sensaciones. Matisse enseñaba a sus alumnos: “Por encima de todo, orden en el color”[8], pues según él por si solo el color podía evocar el registro completo de cualidades pictóricas. Así, los fauvistas proponían un tipo de pintura que prescindía de las sombras para tratarlas como zonas de color mediante contrastes de tintas y no mediante degradaciones tonales.

     El segundo gran logro del Fauvismo fue la libertad técnica lograda mediante el uso de pinceladas mixtas muy expresivas, hito radical y fundamental para la pintura moderna posterior, pues la factura no uniforme se había considerado hasta entonces el rasgo de un arte incoherente e inmaduro. Es así como nació el Fauvismo, aislando y reformulando los componentes autónomos de la pintura.

     En relación a las temáticas representadas por los fauves, los mayores logros se alcanzaron en la pintura del paisaje. Se da una interpretación de la realidad exterior que encontró un grato estímulo en la celebración de la “felicidad de vivir”, representando escenas de lo pastoral, lo primitivo e ideal, como si de una Arcadia perdida se tratase. Como fundamento de todo se encuentra la firme creencia en la autonomía individual y pictórica que le llevó a redescubrir la tradición de un arte esencialmente decorativo[9].

ETAPAS

     El grupo, el movimiento y el estilo fauve no aparecieron simultáneamente, siendo Henri Matisse el denominador común a todas ellas. El grupo fue formado paulatinamente desde los primeros encuentros de sus integrantes en el estudio de Gustave Moreau a partir del año 1892 hasta la reconstrucción del núcleo en 1900, completándose definitivamente en 1906 con la llegada del más joven de todos ellos, Georges Braque (1882-1963).

     La primera etapa distinguible es la denominada como “prefauvismo” o “protofauvismo” entre 1901 y 1904[10], cuando Matisse y Albert Marquet (1875-1947) expusieron por primera vez en el Salón de los Indépendents de 1901, expresándose en colores puros.

     El grupo fue bautizado tras el Salon d´Automnne de 1905, donde Matisse expone su obra Lujo, calma y voluptuosidad (1904, Musée d´Orsay), aunque no se generalizó hasta 1907 y que se recordará por la anécdota del apelativo:

“Exponíamos en el Salon d´Automnne Derain, Manguin, Marquet, Puy y algunos otros habían colgado juntos sus obras en una de las grandes galerías. El escultor Marque exponía un busto infantil de estilo italiano en el centro de esta misma sala. Cuando Vauxcelles entró, exclamó: “¡Vaya, Donatello entre las fieras!” (Donatello au milieu des fauves)[11].

     Sin embargo, el tono de la crítica fue elogiosa, aunque siempre reconociendo la conmoción y escándalo suscitado inicialmente como revela la consideración de Leo Stein, quien había comprado la obra realizada por Matisse Mujer con sombrero (1905, Museum of Modern Art, San Francisco), quien dijo “una cosa brillante y enérgica, pero la más repulsiva mancha de pintura que jamás haya visto”[12], o la de Charles Morice, quien apuntaba que “estamos en el principio de otra cosa”[13]. Sin embargo, también suscitaron críticas como la de Camille Mauclair que dijo de las obras fauvistas ser “una olla de colores arrojada a la cara del público”[14] o la de Marcel Nicolle que los denominó como “torpes e ingenuos juegos de un niño con una caja de colores”[15].

     Al año siguiente, aparece la obra clave del grupo realizada por Matisse, La alegría de vivir (1905-1906, The Barnes Foundation) consumando públicamente la separación del círculo Neoimpresionista y de los Nabis, con un estilo fauve común a todos ellos.

     Con todo ello, tan solo un año después, el grupo se disolvería. Para explicarlo sirven las palabras de Braque reconociendo que “no se puede permanecer siempre en un estado de paroxismo”[16] o de Matisse al confesar que “luego, cada uno de nosotros rechazó la parte del Fauvismo que consideró excesiva, cada uno según su propia personalidad, para dar con una trayectoria propia”[17]. Las obras posfauves se caracterizan, si bien no en todos sus integrantes, por el rechazo a lo excesivo en favor de rasgos más racionales y clásicos, negando el exceso de color.

HERENCIAS

     A comienzos del siglo XX el Fauvismo fue recibido como una primera muestra de una liberación artística. En general, se puede hablar de su repercusión en dos aspectos.

     El primero como un modelo de revitalización, ayudando a artistas de las décadas siguientes a acelerar su compresión del arte previo. Futuros cubistas como Fernand Léger (1881-1955), Robert Delaunay (1885-1941), Albert Gleizes (1881-1953), Marcel Duchamp (1887-1968) y otros rompieron con la pintura Impresionista a través del Fauvismo, siendo solo los dos primeros artistas citados aquellos que desarrollaron el uso del color de modo renovado. Para todos ellos la última fase cézaniana del Fauvismo, el geometricismo y primitivismo de 1907, constituyó una fuente importante para su obra de madurez, como también lo fue para Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) y el previamente mencionado Braque[18].

     En segundo lugar, como estilo cultivado brevemente antes de desarrollar estilos propios en los que es apreciable tal influencia, sirviendo de ejemplo Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) o Jean Metzinger (1883-1956)[19]. El Fauvismo supuso un importante modelo para el Expresionismo alemán del grupo Die Brücke (1905-1913), aunque les diferencia de los fauves la búsqueda del dramatismo y no de la armonía. En este sentido las palabras de Matisse son muy reveladoras: “Trabajo sin teoría, tengo solamente conciencia de las fuerzas que empleo, y avanzo empujado por una idea que no vislumbro sino a medida que se desarrolla la marcha del cuadro”[20] conceptos que pueden adscribirse a la concepción simbolista y del movimiento expresionista alemán.

     Junto a ellos, el interés por las analogías musicales de Matisse y la noción idealista del Arte como representación más verdadera de una realidad escondida tras la apariencia, acerca al grupo fauve a artistas como Vasili Kandinsky (1866-1944), Piet Mondrian (1872-1944) y Kazimir Malévich (1878-1935)[21] muchos de los cuales fundarían y se adscribirían al Arte Abstracto, el cual vinculó Alfred Barr al Fauvismo como demuestra la siguiente cita:

“Matisse fue uno de los pocos que se dieron cuenta de que el llamativo color y el poco convencional dibujo que tanto inquietaron a los otros críticos era solo la manifestación de un profundo y vigoroso impulso hacia la abstracción”[22].

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[1] ELDERFIELD, John, El fauvismo (versión española de Juan Díaz de Atauri), Madrid: Alianza, 1993, p. 25. · [2] MARTÍNEZ DE LAGOS FERNÁNDEZ, Eukene, “Un pintor para los primeros años del siglo XX: la figura singular de Francisco Iturrino&rdquo", Ondare: cuadernos de artes plásticas y monumentales, N° 23, 2004, p. 587, nota 35. · [3] ELDERFIELD, op. cit., p. 17. · [4] Íbid., pp. 19 y 20. · [5] Íbid., p. 99. · [6] BOZAL FERNÁNDEZ, Valeriano, Los primeros diez años 1900-1910, los orígenes del arte contemporáneo, Madrid: La balsa de la Medusa, 1991, p. 26. · [7] ELDERFIELD, op. cit., p. 64. · [8] Íbid., p. 65. · [9] Íbid., p. 20. · [10] Íbid., p. 23. · [11] Íbid., p. 50. · [12] Íbid., p. 57. · [13] Íd. · [14] Íbid., p. 52. · [15] Íd. · [16] Íbid., p. 153. · [17] Íd. · [18] Íbid., p. 154. · [19] Íbid., p. 153. · [20] Íbid., p. 141. · [21] Íbid., p. 158. · [22] Íbid., p. 75.



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