Arte contemporáneo, antigüedades, mercado, coleccionismo

Reportajes de Arte
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GALERÍAS PIQUER Y OTROS RINCONES DEL RASTRO (Y2)

Texto por Manuel Irusta

En el recorrido por la geografía del Rastro tras las huellas de las antigüedades es obligado detenerse un buen rato en las famosas e importantes Galerías Piquer, escenario tal vez de la oferta y la demanda más significativa. Después, deambularemos por los vericuetos de las tiendas abiertas en las calles y plazas históricas del entorno de la Ribera.

'Las Piquer se inauguraron en 1950 con asistencia del alcalde madrileño y actuación de la famosa cantante Concha Piquer. Montaron en el patio un tablao y un teatro. Eran unos terrenos que habían albergado hasta entonces unas casitas bajas y un corralón, al que acudían los traperos a vaciar sus sacos a cambio de algunos reales. Un bazar. Las Piquer se hicieron formando una sociedad integrada por la propia Concha Piquer, que les dio nombre, por el señor Portillo, constructor del edificio, y alguno socios más que se apellidaban López o Gómez... Con el tiempo han ido cambiando los pioneros que ocupaban aquellos locales. La gente de las galerías Bayón, que estaban próximas y se habían quedado pequeñas, se vinieron aquí cuando se inauguraron éstas. De los primitivos quedamos mi hermano y yo, los Hidalgo, Monasterio vino después, lo mismo que Pombo, tal vez Sanchiz estaba entonces y la viuda de Guinea, que también estaba. Nada más quedan tres. Mi padre estuvo en el barrio de Salamanca igual que mis tíos. Nuestro padre vino al principio al número 14 y en 1954 nos trasladamos a ésta. Nuestro abuelo ya andaba en esto antes de la guerra. Es posible que seamos los últimos. Nuestros hijos se dedican a otras actividades...'

, cuentan esta historia los hermanos Hidalgo. Precisamente, en el patio central, en la tienda número 23 de las Galerías Piquer, continúan los citados hermanos, Jesús y Antonio, que llegaban procedentes de una chatarrería que tenía su padre en Mira el Río Alta, que luego se instalaron en el número 15 y más tarde en el 23 que ahora ocupan; son expertos en pequeños objetos antiguos, sobre todo en hierros, pero exhiben de todo: armas blancas, instrumental médico, planchas, sifones, molinillos, sacacorchos, numismática, carteles de toros, radios Galena, cajitas de lata, emblemática militar, teléfonos, pesos-medidas, tijeras, etc. Y se han hecho populares en numerosos museos. Las Piquer son unas 70 tiendas agrupadas en torno a un patio central y repartidas en pisos, con dos entradas, una en el número 29 de la Ribera de Curtidores y otra en el número 19 de la calle de Rodas. Además, hay 30 viviendas. Los terrenos últimamente pertenecían al constructor López Brea, pero los anticuarios los han ido comprando. 'Nombres emblemáticos de las Piquer son Angel Lucas, Luis Cárabe, Manolo González, Monasterio, Hidalgo, etc.', señala uno de los veteranos. 'Aquí se ofrece de todo. La fuente de antigüedades no se agota. Precisamente porque el tiempo pasa y los objetos en cada momento ganan en antigüedad. Pero es necesario algún tipo de especialización. La gente cambia de productos. En función del mercado, de lo que se vende. Además, hay modas. Ahora está la moda de mueble de oficina de roble y, por ejemplo, la pintura del XIX ha bajado', explica Julián Pombo, otro de los integrantes de una familia de pioneros.

Un ligero recorrido

El recorrido en una mañana soleada se abre desde el número 1 de Montenegro, que ofrece escaparate a la calle y muebles de estilo moderno y que también ha tenido presencia en otras calles próximas y sigue en los números 5 y 33, donde El Jueves presenta, sobre todo, muebles. Algunos de los pioneros de estas galerías han ido desapareciendo o se han trasladado sin repuesto generacional. En la tienda número 24 estaba Juan Caballero, recientemente fallecido a los 92 años, quien diversificaba su oferta entre arqueología, cerámica, monedas, dibujos y grabados de los siglos XVI al XIX y que tal vez no encuentre sucesión en la familia; en la número 22, Caoba se dedica a muebles y otras antigüedades, pero se ha especializado en pintura sobre todo del siglo XIX; el ya citado Monasterio, casa fundada en 1952, exhibe en varias tiendas una amplísima variedad de cuadros, muebles, esculturas, objetos decorativos, etc.; seguimos y nos topamos con nombres añejos en el mundo de los anticuarios y otros más prosaicos y menos curtidos por la pátina. Encontramos a Lover y sus muebles, que él mismo restaura, Carmen Aubá, heredera por vía femenina de profundos especialistas en porcelana, Juan Ruiz y sus colecciones, imaginería, cristal, bronces, cuadros, Vázquez hijo, Guinea, La Mecedora en el número 21, Mi Gata en el 31, Chaise Longue en el 30, Antonio Cañada en la tienda 39, donde como en la mayoría 'hay de todo', Rústicos en las 45-46, Macor en la 67, Ana Fuentes en la 68, María Cabeza de Vaca en la 66, Teresa Antiquies en la 69, Muebles Rústicos La Cuarenta, como es lógico, en la 40, Alba Longa en el 44 y la reciente Nueva Alba Longa en la 29, Reyes Benito en la 25, Rafael Núñez en la 48, Cotanda en la 49 y Ledesma en la 50, La Puerta-Gil del Amo en los números 57 y 58, David Puente en la 63, O Témpora en la 45... Art Decó Siglo XX se encuentra en la tienda número 61, de Juan Ramón Salazar, quien asegura que 'Art Decó es un estilo en auge, que está siendo conocido y valorado. En las Piquer, donde llevamos diez años, somos lo único que hay, y en Madrid sólo hay otra tienda más'. Julián Pombo padre e hijo, pioneros, tienen sus antigüedades en las tiendas número 52 y 53, que han dedicado a las chimeneas antiguas y lámparas, que restaura el propio Julián Pombo hijo; a su lado, Tomás Pérez, otro de los antiguos, que ofrece variedad y calidad; y en varios números de las Piquer los conocidos hermanos Pinto, relevo generacional de larga presencia y amplia oferta, y en el número 43, Fresno, quien junto a sus hermanos ha seguido los pasos de su padre, en cuya tarjeta puede leerse, junto a la inevitable definición de 'Antigedades', 'Muebles-Objetos', aunque el dueño reconoce que tienen un poco de todo y que el futuro de su actividad depende, sobre todo, de la economía en general. Y hay, además, hasta 70 Arte Oriental, Emilio, Asiática Decor, El Estudio, Andoni Larínaga...

El entorno de la Ribera:

Varias calles y plazas configuran ese entorno añejo de la Ribera de Curtidores. Penetramos en el laberinto en día festivo por Cascorro y los primeros puestos de la Ribera hacia la callecita Amazonas, tal vez dedicada a las muchachas que, ataviadas como amazonas y montadas en corceles, recibieron a Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II. Topamos entonces con Barros y Cañas, remedo de la famosa novela levantina, Aguado y sus muebles de mimbre, Antigedades Sara, Sancho y el mueble castellano y la cerámica, Mateos, Nemesio, Hobby Antonio y sus trenes eléctricos, La Revoltosa... Enfrente se hallan la Almoneda Juanito y los libros, el Trastero de Aldabica y otros comercios. Pero optamos por detenernos en las tiendas con más lustre e historia de la Plaza del General Vara del Rey como son Albarrín, tupido depósito de ofertas en porcelana, cerámica, bronces, pintura, mantones de Manila, muebles y otros objetos; Ginés Ayala, con importante presencia en las calles adyacentes Mira el Río Alta desde 1967, Carnero y Carlos Arniches, y una exquisita oferta, impulsada con entusiasmo por el matrimonio Ayala, Ginés Ayala y María Luisa Muñoz, de porcelanas, cómodas, pintura del XIX, muebles de época, lámparas, relojes y guarniciones, objetos de vitrina, Art Decó, Art Nouveau, etc. También encontramos a Nicanor, las porcelanas y lámparas de Félix, Usallán, el Patio y Mariano Palacios, que presenta, sobre todo, antigüedades de los siglos XVIII y XIX, con mención especial de la cerámica española además de muebles, lámparas y espejos. Continuamos después la marcha por Mira el Río Alta para encontrar diversas almonedas, Gil, La Fuentecilla, El Bosque, junto a Arte Arabe, un bello mantelete en la esquina con Carlos Arniches, Emilio y Juan Sandoval, que ofrece muebles, lámparas, bronces, relojes-muebles, sobre todo. En la calle dedicada a Carlos Arniches encontramos la ya citada tienda de Ginés Ayala junto a otras como Capitel Antigüedades, Manuel Flores López y la Almoneda Iglesias, rica en medallas, entre otros objetos valiosos.

En el trayecto hemos penetrado en la antes llamada calle Nueva y hoy calle del Carnero, donde se mantienen varios anticuarios y almonedistas como José Luis Robledo, Txomin, Torres e hijos y sus objetos de arte y su taller de reparación, José Jaraba y sus muebles y lámparas, Ricardo Martín y Martínez, que muestra instrumentos científicos antiguos, sillerías, bargueños, pianos, muebles, tapices, etc., Enrique Montoya, que repite tienda en la calle, Salvador Arienza, en el número 17, que también tiene de todo, Luis Bolaños, La Fuentecilla que repite, lo mismo que el Montenegro de las Piquer, Antigedades Teruel, Almoneda Frank Iniesta de larga presencia con su mobiliario, sillería, porcelana y bronces, y Asís, que ha decidido trasladarse a su tienda del número 18 de Mira el Río Alta. Mira el Río Baja muestra, igualmente, tiendas de antigedades, como Bravo o Cúpula, junto a almonedas como Gárgola y Verona, de muy variados contenidos. El Laberinto es fiel a su leyenda: 'Seguro que lo encuentras'. Por fin, en el Callejón del Mellizo, con Montenegro en la esquina, 'trasladado' al número 1 de las Piquer, sobreviven con dignidad J. Bravo, especializado en muebles, Luis Miguel Palacios, que reparte su tiempo entre su tienda y la de la 'Ciudad de los Anticuarios'de Oropesa del Mar; y María Jesús Bada Ruiz, entre otros. El recorrido puede concluir de nuevo en la Ribera de Curtidores para revisar las tiendas, como la de Enrique Torres, en el número 11, y reconocer su buena porcelana, su pintura, sus bronces y sus muebles, o perderse en cualquier puesto del cruce de caminos que es el Rastro madrileño.

El futuro de las antigedades:

A pesar de la esperanza de futuro que abriga la mayoría de los anticuarios, aún siguen aflorando los problemas: 'Es una pena: lo mismo las Piquer que las Nuevas Galerías están degenerando. Ha venido gente nueva, yo no sé si son profesionales o no, pero sí sé que la mercancía que ofrecen deja mucho que desear. Los antiguos van manteniendo su nivel, pero es bastante difícil. Las que han venido traen una mercancía de venta rápida que nada tiene que ver con las antigüedades. La masificación del Rastro forma parte de esa degeneración. El Rastro era un sitio donde se venía a adquirir objetos usados y antiguos. Eso prácticamnente ha desaparecido', se explaya uno de los anticuarios más importantes de la Ribera de Curtidores. 'Además, hoy día existe un puja absurda entre compañeros. Se luchó mucho por que las ferias se dignificaran. Que los anticuarios fueran profesionales. Es un problema de ética... ', continúa el mismo anticuario. '¿El futuro? Hay pocos anticuarios. No ha hay profesionalización. No hay relevo generacional. Antes, todos eran profesionales. Ha venido gente que no tiene nada que ver con los anticuarios. Hoy todo es más ocasional. La palabra del anticuario es sagrada. Los advenedizos no saben qué es una palabra. La ética de la palabra dada. A ese carro de los advenedizos se están subiendo algunos antiguos y eso es la perdición del sector', concluye. 'Esto continuará. Porque el tiempo sigue pasando. Prácticamente todo los locales de la Piquer están ocupados. Salvo el de Juan Caballero, el decano de nuestra asociación, que ha muerto, y sus hijas parece que no van a seguir y que quieren alquilar la tienda', señalan por su parte los hermanos Hidalgo, quienes sin embargo tienen algo más que decir: 'Están desmantelando el Rastro y lo ha notado todo el comercio. Era un comercio de puestos que funcionaban a diario. Los días de fiesta y los domingos venía más gente. Eran puestos de cosas viejas. Ahora ya no es eso: ahora hay de zapatos, cassetes, etc., que traen de tiendas. Y antes se ponía el que quería. Pasaba un municipal y le decía: tiene usted que pagar, una especie de multa, y se quedaba. Esto ya no es el Rastro. Y nos ha perjudicado. Venían los turistas extranjeros y españoles y siempre compraban algo. Había una alegría...', afirma Antonio Hidalgo. Pocos anticuarios se muestran optimistas sobre el futuro de las antigüedades, que tanto depende de la marcha de la economía general. En su quehacer de compra-venta cotidiano predomina el pequeño comprador, 'de 100.000 pesetas para abajo', e incluso, y sobre todo, el intercambio entre los propios anticuarios.

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