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En busca del juguete antiguo

En las últimas décadas del siglo XX se agudizó el interés de los coleccionistas extranjeros por el juguete español de época. Después, ha resurgido la preocupación de los anticuarios españoles, como queda patente en subastas como la de Sala Retiro.

Texto por E.A.

La Sala Retiro de Caja Madrid ofrecerá en la subasta que tendrá lugar los días 6 y 7 de marzo una extraordinaria colección de juguetes, de muy diversas procedencias, países de Europa y América, de principios del siglo XX y fabricados con muy variados materiales, como madera, chapa o cartón. Se presentarán a la venta 175 piezas que incluyen coches, camiones, tranvías, puzzles, teatrillos, trenes, muñecos a cuerda y de arrastre, etc.

La palabra juguete deriva de juego, de la que es diminutivo, y hace referencia a cualquier objeto curioso y bonito con el que se entretienen los niños, pues jugar significa hacer algo por espíritu de alegría y con el único objetivo de entretenerse o divertirse. El juguete, por tanto, añade a su finalidad de entretenimiento, la de despertar en el niño ciertos sentimientos y actitudes como la curiosidad y la capacidad intelectual. Estas mismas capacidades procuraban la destrucción de los juguetes más ordinarios y también más baratos y débiles. Tal vez por esta razón han subsistido tan sólo los más fuertes y, sobre todo, los más caros, que reclamaban el especial cuidado de los padres para conservarlos.

El juguete adquiere con relativa rapidez y facilidad la pátina de la antigüedad que se exige a los objetos no útiles que fueron entretenimiento en tiempos pasados y que suscitan la ocupación actual de los coleccionistas. Algunos de ellos procuran el interés de los almodenistas pero no consiguen satisfacer a los anticuarios. Para ambos existe oferta apropiada, que incrementa su atractivo por la escasez de las piezas que se conservan y por la cercanía en el tiempo que presenta la mayoría de ellos.

Coleccionistas y conservadores han intentado recuperar los juguetes del pasado para devolverlos la vida que tuvieron y el encanto que ofrecieron en su momento. Aficionados y profesionales han aunado esfuerzos para localizar y conseguir los juguetes que han sobrevivido. Aquellos juguetes que tal vez no servirían para el entretenimiento de los niños de nuestros días guardan sin embargo toda la fuerza y el atractivo encanto de su antigüedad con el mensaje y el simbolismo de haber representado un objeto ansiado por los niños del pasado. La observación de esos viejos cacharros sirve de paso para seguir el itinerario que recorrieron las distintas generaciones hasta la nuestra, al descubrir los entresijos técnicos y tecnológicos que han ido incorporando esos ingenios que fueron asimilando los distintos cambios que se producían tanto en la vida cotidiana de los pueblos como en sus actividades laborales, industriales, artesanas y artísticas.

Apogeo

Además, las propias circunstancias geográficas, sociales, culturales y hasta políticas influyeron decisivamente sobre la amplia variedad en las ofertas de juguetes. De todas formas, el apogeo y punto culminante de la historia del juguete debe situarse entre el 1870 y el 1914, preámbulo de la Primera Guerra Mundial, que volvió a recuperar un auge importante en los años de entreguerras, desde 1918 hasta 1939, fecha que representa el declive lógico producido por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que en España se adelantó varios años con la guerra civil.

Lo mismo que la industria en general proyecta acomodarse a las necesidades de la sociedad en la que nace y a la que sirve, el juguete no podría librarse de estas circunstancias. La industria del juguete aparece determinada por los diversos momentos históricos y ha ofrecido productos requeridos por las familias que vivían esos momentos. Las guerras ejercían un influjo decisivo en los juguetes y la industria 'militar' se veía de pronto suavizada por las intervenciones de ciertos países vencedores en la contienda, como ocurrió con Japón y Estados Unidos, por ejemplo.

Las exposiciones industriales, en ferias y otras manifestaciones, posibilitaron la difusión de los juguetes científicos, que tardarían en encontrar los cauces propiamente comerciales. Las maquetas elaboradas por los grandes ingenieros exhibieron el gran futuro que esperaba a estos juguetes, de tal manera que escuelas, liceos e institutos recabaron estos objetos como recursos pedagógicos, como aconteció por ejemplo en Inglaterra donde se entreveraban las plantas de vapor, generadores de electricidad o de aire comprimido, tractores, apisonadoras, barcos, etc., en miniatura con las producciones de los talleres. En el último tercio del siglo XIX aparecen las locomotoras de juguete a muelle, dos décadas después de que se instalaran los primeros tendidos ferroviarios. Los trenes de tracción eléctrica de juguete surgían bastante antes que los llamados 'trenes de verdad'. Algunos modelos, como sucedió también con los coches, disponían de los elementos más sofisticados, como manómetro, pito, bomba de alimentación y dos cilindros. Los automóviles y los trenes fomentaron una demanda doble, los que requerían los niños como juguetes propiamente dichos y los que exigían los adultos para llenar su tiempo de ocio con estos entretenimientos. Los aviones, los dirigibles y los helicópteros aprovechaban el tirón de las demostraciones aéreas y automovilísticas para convertirse en atractivos objetos de deseo, pero también rebasaban la línea de lo lúdico para convertirse como modelos a escala en pura atracción de coleccionistas.

España

La llegada del plástico y la aplicación del aluminio inyectado parecían amenazar el futuro de la industria del juguete, pero no consiguió romper la marcha de la demanda aunque sí repercutiera decisivamente sobre su calidad y, de paso, sobre su conservación. Se adueñó del mercado el juguete metálico, pero su existencia en el mercado del coleccionismo escasea tal vez por el poco aprecio que sus dueños le dispensaron. En España, la casa Payá, de Ibi (Alicante), verdadera cuna de esta rama de la juguetería en España, fue también precursora en la fabricación de figuras metálicas en nuestro país En 1906, los hijos de Rafael Payá fundaban 'Sin rival'-Payá Hermanos, SA. Cacharritos, cocinas, coches, aviones, tranvías y barcos de lata invadían el mercado con éxito sin duda por su bajo precio.

A partir de 1914 se implantaba una floreciente industria hojalatera en el litoral mediterráneo, con Barcelona y Alicante a la cabeza. Y siguiendo los pasos de Payá nacía gran número de marcas como casa Barbosa, fabricante de juguetes de madera localizado en Mataró; Borras Pedemonte, surgido en Calella en 1894 y trasladado a Mataró después, que fabricó el 'fraile higrómetro' y luego el 'zootropo'; Narciso Cabrera, especialista en velocípedos; Castellort, en Barcelona, con 'modelos originales' en juguetería metálica; Domenech, también de Barcelona, que se anunciaba en 1872 como primera y única fábrica de muñecas 'en su clase' en España; Hermanos Ferchen, alemanes asentados en Denia a principios del siglo XX, que trajeron maquinaria de su tierra e instalaron una fábrica de juguetes baratos, y cerraron en 1965; Clemente Flores, que presentó en 1914 el primer aeroplano de juguete del que se tiene noticia; Juan Gispert, de Barcelona, especializado en artículos para fiestas y carnaval en 1884 , al que sucedió Esteban Gascons, que llegó a disponer de numerosas sorpresas y pequeños juguetes: Clemente Oliveró, almacenista de juguetes de Barcelona a comienzos del siglo XX y que pasó a llamarse después Vallés Oliveró Hermanos; Isidro Palouzie, que fundaba en 1891 su firma, a la que sucedían sus hijos y que en 1919 conseguía la representación para España de la casa Meccano y en 1932 fabricaba este juego con licencia; Jorge Rais, que fabricaba juguetes de metal en Barcelona y empujaba a su hijo Enrique a fundar en 1910 otra fábrica; Santiago Rico, procedente de Onil, que se establecía en 1911 en Ibi para producir juguetes metálicos y en 1920 se asociaba con dos antiguos obreros de Payá para adoptar el nombre de 'Verdú, Rico y Cía. La Hispánica Artística'. En 1926 Rico Molina se hacía con el control de la empresa, que tomaría el nombre de 'Rico, SA', y, para finalizar este breve recorrido, Valls y Compañía, que concurrió con autos al Certamen Nacional de 1914.

España reaccionó tarde, como casi siempre, ante el inusitado interés mostrado en los años setenta del pasado siglo XX por europeos y norteamericanos por los juguetes de época, interés que provocó que el territorio español quedara palmo a palmo peinado por coleccionistas franceses e ingleses, sobre todo, en busca de la mayor cantidad posible de piezas de juguetes antiguos, que los españoles vendieron a precios irrisorios. Desde entonces, la situación ha cambiado, de tal manera que en España existen en la actualidad varios miles de coleccionistas de juguetes, a los que se han sumado notables estudiosos que han contribuido a la expansión de este interés. Subastas como la de Sala Retiro indican que los juguetes de época siguen interesando también a los coleccionistas, tanto a los profesionales como aficionados.

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