Arte contemporáneo, antigüedades, mercado, coleccionismo

Reportajes de Arte
<< volver

SANTO DOMINGO

Texto por María José Landete

Este año se conmemora el milenario del nacimiento de Santo Domingo de Silos. Bajo su mandato, el monasterio silense vivió uno de sus momentos de mayor esplendor.

En 1880 llegaban al burgalés monasterio de Silos unos monjes benedictinos franceses de la Abadía de Ligugé, huyendo de la supresión de las comunidades religiosas en Francia. Con ellos venía Ildefonso Guépin, un monje emprendedor que pertenecía a la prestigiosa Abadía de Solesmes, famosa por haber sido la restauradora del canto gregoriano, recuperando el acento y el ritmo del verdadero canto de la Iglesia. Silos estaba abandonado desde 1835 como consecuencia de las leyes desamortizadoras, y su estado era desolador. No es difícil imaginar la impresión que les causaría a estos monjes descubrir, entre las ruinas, el sorprendente claustro que había resistido la dureza de los tiempos. Desde aquel momento el monasterio volvía a renacer una vez más, pues no era la primera, retornaban los cantos y se recuperaban algunos de sus tesoros, como el disperso archivo o libros miniados e impresos, además de otras piezas. De ese nuevo renacer es testigo el famoso ciprés que vive en un rincón del claustro.

Santo Domingo

Este año se conmemoran los mil años del nacimiento de Santo Domingo, artífice del primer y más celebrado renacer del monasterio, una excusa para recordar la historia y, sobre todo, para admirar su claustro. Los orígenes no están claros. Probablemente, los pioneros fueron una primera colonia monástica visigótica que huyó tras la invasión árabe. Después, llegó un período mozárabe y, a mediados del siglo X, Fernán González le otorgaba autonomía. A finales de ese mismo siglo, las tropas de Almanzor lo sumieron en la ruina. Su época de mayor gloria se sitúa a partir del siglo XI con la llegada de Domingo, investido abad de Silos por Fernando I de Castilla en 1040. Había nacido en Cañas (Rioja) y fue prior de San Millán, de donde le expulsó el rey García de Navarra por cuestiones de jurisdicción económica. En Silos estuvo 33 años, hasta su muerte, contribuyendo al desarrollo cultural y construyendo gran parte de las edificaciones. El monasterio benedictino se convirtió en lugar de peregrinación, aunque posteriormente pasó por diversos momentos de decadencia. En el siglo XIX, fue víctima de los desastres de la invasión francesa, que dispersó sus mejores tesoros, y, como ya se ha dicho, fue abandonado tras la aprobación de las leyes desamortizadoras.

De la primera iglesia, consagrada en 1088, nada queda salvo algunos elementos hallados en excavaciones que se encuentran en el museo del monasterio, como el extraordinario tímpano del siglo XIII, en el que se reproducen escenas de la vida de Jesús. Se comunicaba con el claustro por la llamada puerta de las Vírgenes, cuyo arco es de herradura y en la decoración de columnas y capiteles se reproducen motivos marcadamente mozárabes. La iglesia románica fue derribada para elevar otra en el siglo XVIII siguiendo un proyecto de Ventura Rodríguez, que nos muestra una arquitectura despojada y limpia, de clara filiación herreriana, tan propia del momento.

Arte de los vencidos

La fama de Silos se debe a su claustro, reconocido como uno de los más bellos del románico europeo. Como en todos los monasterios benedictinos se sitúa al sur de la iglesia, abriéndose a un jardín central, su forma es irregular. Santo Domingo no llegó a conocerlo, aunque quizás lo planeó, hipótesis que parece verosímil ya que la obra estaba empezada en 1073. Es un monumento que, en lo que respecta a su contenido escultórico, aporta numerosas novedades e incógnitas acerca de sus características tan superiores al románico coetáneo.

Los arcos descansan sobre dos columnas, salvo en los centrales, que lo hacen sobre cuatro, y los fustes más antiguos tienen la particularidad de poseer un mayor diámetro en su parte central. La colección de capiteles pertenece a maestros distintos; comenzada a finales del siglo XI, se desarrolló en el XII. Los del este, y la mayoría del norte, son del mismo autor, primer maestro que terminó su labor en el panel central del lado occidental con el capitel que reproduce unos leones entrelazados con aves. Ahí comienza el segundo maestro, más tosco y que se acerca a la generalidad de los artistas románicos. Su temática sigue la del primero, aunque se incluyen temas del Nuevo Testamento. Se admira una gran variedad de temas cuya simbología es de difícil transcripción, plenos de representaciones, una extraña mezcla de lo fantástico y lo real: el simbolismo de la Edad Medida de imposible comprensión que no escatimaba imaginación para captar la belleza.

El tambor de algunos capiteles está cubierto con cordones entrelazados que se cruzan; parecen como encerrados en una fina malla o entre mimbres. Se trata de un motivo románico enraizado en lo bizantino que se repite en otros capiteles. No son menos frecuentes las aves afrontadas, que al igual que los leones enredados, las aves acosadas por monstruos, reptiles alados que llamaban “cocatrix” en la Edad Media, se hallaban presentes en los marfiles y los tejidos de origen oriental. Son temas extraídos por los talladores a partir de los códices miniados e inspirados en los Bestiarios, motivos que parecen arrancados de una mezquita o una sinagoga y la piedra blanda en la que se realizaron hizo posible esta labor de miniaturista u orfebre, pero también ha hecho que algunas bellezas, las más expuestas a la dureza del norte, se hayan deteriorado.

Bajo la dirección de los maestros, se hallaban los artífices moros; hubo esclavos musulmanes en el monasterio. Una influencia oriental que deriva de la inhibición del arte con respecto a la historia y así, los reconquistados, los moros vencidos, señalaban el camino artístico a los vencedores. El segundo piso se realizó hacía el siglo XIII y no posee la alta calidad del inferior.

Obras maestras

Los relieves de mediados del XII son verdaderas obras maestras del románico y se hallan situados en las esquinas del claustro. Aunque responden a un programa iconográfico coherente, estilísticamente pertenecen a diferentes autores. La conclusión es que el taller silense fue excepcional, ignorándose de dónde procedía, pero que tuvo una influencia decisiva en posteriores obras. Comentaremos brevemente, siguiendo un orden cronológico, los que se estiman más destacables como el del 'Sepulcro', resuelto con una absoluta creatividad en la composición, fruto de un estudio concienzudo y donde nada parece dejado a la improvisación; los personajes muestran un dinamismo muy avanzado. Desarrolla tres escenas: las tres Marías, figuras femeninas que acuden envueltas en ropajes y portando ungüentos; el ángel sentado sobre el sepulcro; dos discípulos colocando el cuerpo de Cristo, y, en su parte inferior, un grupo de soldados dormitando, ataviados como lo hacían los castellanos del momento. Probablemente el maestro se inspiró en aquéllos que acompañaban al mítico Cid Campeador, poseedor de tierras próximas a Silos y que cedió al monasterio.

Un relieve de los más primitivos es “La duda de Santo Tomás”, de cuidada ejecución, que puede relacionarse con los delicados trabajos en marfil. El del “Árbol de Jesé”, deteriorado, permite observar una complicada composición plena de simbología. Y el relieve del “Descendimiento”, donde la disposición de los personajes y la talla minuciosa dejan entrever una notable influencia bizantina. Sin embargo, el que reproduce a “Los Discípulos de Emaús” es de composición diferente, pues tres únicos personajes llenan el espacio, con gracia en el movimiento y una excelente actitud en los rostros. Y absolutamente distinto es “La Anunciación”, uno de los últimos, fechado hacia 1200; casi parece una talla exenta, donde se recrea una escena llena de movimiento en las vestiduras y actitudes, próxima a la delicada estética gótica; su maestro creó escuela y tuvo imitadores.

Patrimonio disperso

Ya hemos hablado de las enormes pérdidas materiales que sufrió el monasterio, pero aún podemos admirar algunas piezas de interés en su museo, como el Cáliz de Santo Domingo, joya de la orfebrería medieval que debió de realizarse en el siglo X; cuenta con finos hilos de plata formando una repujada decoración, no exenta de complicado orientalismo. Los admiradores de la cerámica tienen una especial ocasión de contemplar la antigua farmacia, botica del siglo XVIII, donde se conserva una colección de piezas única: numerosos albarelos que fueron realizados en Talavera especialmente para el monasterio y salvados de su destrucción durante la invasión francesa gracias a que fueron escondidos por el boticario del pueblo. Pasados los años, en la primera mitad del XX, se encontraban embalados para su venta fuera de España. Un mecenas, Juan de Aguirre, se adelantó y los compró, regalándoselos al monasterio; en agradecimiento, una placa en la botica de Silos le recuerda.

La biblioteca guarda el primer manuscrito de Berceo y una veintena de códices que se remontan a los tiempos del 'Scriptorum' fundado por Santo Domingo, origen de la biblioteca silense, una de las más ricas de la Edad Media. Allí se produjeron bellísimos códices, unos doscientos, que escribieron los copistas y miniaron sus pintores; actualmente están repartidos entre el British Museum, la Biblioteca Nacional de París, Leipzig, etc.

Finalizaremos nuestro recorrido por tan singular espacio alzando la vista hacia su artesonado, encargado en el siglo XIV. Es un auténtico alfarje morisco, decorado con una serie de secuencias que reproducen escenas de la vida cotidiana y de la religiosa, algunas ciertamente críticas; puede decirse que los artistas pintaron lo divino y lo humano; su temática nos acerca, una vez más, al hacer mudéjar.

Silos es mucho más que su claustro, pero éste es incomparable; por ello, son numerosos los visitantes que se acercan a admirarlo desde la comprensión estética del hombre actual, pero con la sospecha de que aquel hombre del medioevo, con el conocimiento de la simbología y de otras culturas hoy desaparecidas, es muy posible que tuviera una más completa compresión de la obra artística.

PIES DE FOTOS

1.- Vista del monasterio de Santo Domingo de Silos.

2.- El claustro desde el interior de la galería.

3.- Relieve de los discípulos de Emaús, uno de los primitivos, que se encuentran en el claustro.

4.- Alfarje del siglo XIV, de identidad morisca, pero adornando un claustro cristiano.

contador de visitas